" asturgeografic: Santa Eulalia de La Mata

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Santa Eulalia de La Mata

 La construcción actual podría datarse entre los siglos XV y XVI, con numerosos añadidos  posteriores, como la fachada, la espadaña de triple arco y los pórticos, que son del siglo XVIII

 En el Libro Becerro, se incluye como parroquia de Santo Adolfo de Çurruquin


 De los elementos románicos que conserva, destacan varios canecillos y una tosca portada en el interior, compuesta de arco de medio punto con dos arquivoltas, la exterior apoyada sobre pequeñas columnillas. Da acceso a una larga estancia paralela a la nave, que posiblemente fuera el templo original a la que se habría adosado la actual

 Los capiteles representan a un hombre y a una mujer, flanqueados por signos solares (aquí llamadas flores galanas). Ambos personajes muestran su sexo, como representación de los placeres mundanos y del pecado


 Se conserva un sepulcro decorado con sogueados que tradicionalmente se ha atribuido al obispo Ataulfo (o Dolfo, como se le conoce aquí) a pesar de carecer de inscripciones


La iglesia de Santa Eulalia aparece ya citada en el Libro de las Crónicas, del obispo Pelayo (1101-1130), al hacer referencia al milagro del obispo Ataúlfo...
En tiempos de Bermudo II, el Gotoso (984-999), el obispo Ataúlfo de Iria fue acusado por tres esclavos de un "terrible pecado" y de "tratos con los moros". Por tal motivo fue llamado a presentarse ante el rey en la iglesia de San Salvador de Oviedo. Cuando llegó al alto de El Fresno quedó maravillado por la situación del templo de Santa Eulalia y pidió ser enterrado allí a su muerte.
Cuando se dirigía al encuentro con el rey Bermudo, éste mandó soltar un toro bravo para que envistiera al obispo, pero al llegar a la altura de Ataúlfo, el toro se arrodilló ante él. El obispo, sin esfuerzo, le quitó las astas al animal, ante la admiración de todos aquellos que presenciaron el milagro.
De regreso a Galicia, falleció al entrar en el valle de Prámaro, actual concejo de Grado. Su séquito decidió continuar el viaje, pero los animales que tiraban del carro que portaba el cadáver del obispo se asustaron y espantados fueron a detener su carrera ante la iglesia de Santa Eulalia. Así, sus acompañandes decieron que sus restos descansaran en aquel lugar, tal como había deseado el obispo Ataúlfo.




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