" asturgeografic: San Pedro de Arrojo

domingo, 14 de julio de 2013

San Pedro de Arrojo

 San Pedro de Arrojo responde al modelo clásico del románico asturiano: una nave única seguida de un ábside semicircular precedido de tramo recto, y orientado al este.

 El ábside está decorado con pinturas murales del siglo XV, posteriormente repintadas en el siglo XVIII.


Adán y Eva.

Representación de la pasión con todos sus símbolos: el gallo sobre la columna, la lanza...

 Pila bautismal y arcosolio decorado con pinturas que representan el bautismo de Jesús.

 Restos de huesos pertenecientes a un enterramiento.

 La portada occidental es la única entrada románica que se conserva. Se compone de un arco de medio punto con tres roscas talladas y protegidas por guardapolvo.

 Los canecillos del tejaroz son esquemáticos y de factura tosca.

 Sólo los capiteles del lado derecho de la portada están decorados.
En el capitel izquierdo se puede ver una cabeza entre un ave que picotea una rama (la eucaristía) y un reptil (el pecado), tratando de representar la licha del hombre entre el bien y el mal. En el capitel central se ve un mono (la lujuria), un conejo (el bien), una alimaña (el mal), un árbol (la cruz) y una serpiente (el mal). En el capitel derecho se representa un ángel alado, símbolo de la perfección.

 Detalle de algunos de los canecillos.

Canecillo reaprovechado en la fachada de la sacristía.

El lugar de Arrojo (Arroxo) aparece citado en un documento del año 1.036 en el que el rey Fernando I entrega a la catedral de San Salvador de Oviedo varias propiedades, entre las que se incluye la villa de "Arrogio". En otro documento, fechado en el año 891, Alfonso III y la reina Jimena donan algunos bienes al monasterio de San Adriano y Santa Natalia de Tuñón que habían fundado.
De origen prerrománico, el templo primitivo fue sustituido por otro a principios del siglo XIII, que siguió la estética del momento. Y en el siglo XIV, la casa de Bernaldo de Quirós, convierte el templo en panteón familiar, realizando la apertura de los arcosolios y la elevación de la altura de la nave.
A lo largo de los siglos se continuaron realizando diferentes obras y remodelaciones, lo que no impidió que tras diversos avatares el templo fuera cerrado al culto en 1929 por amenazar ruina.
Fue en los años 40, tras la Guerra Civil, cuando el arquitecto Luis Menéndez Pidal emprendió la restauración del templo que conocemos actualmente.





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